
Ayer tuve gira de la universidad, el objetivo fue recorrer Barrio Otoya e identificar las edificaciones de gran importancia que se pueden encontrar en este recorrido urbano. Tuvimos que encontrarnos a las 7 am en la Plaza de la Cultura para luego dirigirnos a recorrer las calles y avenidas de la capital costarricense, pero tenía tiempo de sobra y no quise esperar en la plaza hasta que Anchie llegara. Caminé al mismo paso acelerado de la multitud, que en su mayoría se dirigían hacia sus trabajos. No sé por qué todo se movía exageradamente rápido, me molestó el trote de las personas, el bullicio de la Gran Avenida Central, las personas indiferentes unas de otras. Entendí que estamos siendo deshumanizados, cada día nos volvemos más inmunes a los sentimientos de los demás. Me sentí fuera de lugar y empecé a caminar lentamente, tan lentamente que desentonaba entre la multitud acelerada. Observé. Olí. Sentí. Avenida Central tiene su encanto, es un hito de nuestra cultura, las actividades que se desarrollan en ella y en su circunferencia pertenecen a las identidades propias del ser costarricense. Los vendedores ambulantes, los músicos empíricos, el mercado, los cafés, las edificaciones que demuestran las hegemonía de los ricos en los tiempos de la oligarquía. Bella Costa Rica, que de una u otra manera tenés tu encanto.



